Julio 5, 2008...1:11 am

una antorcha para mí

Saltar a Comentarios

y ahora recuerdo. recuerdo lo mucho que me disgusta esperar. no importa qué esté esperando.  el tiempo de la espera es lo que mata. porque cualquier cosa que uno se ponga a hacer tiene el gusto de ‘estoy haciendo tiempo’. no, mierda, no estoy ‘haciendo tiempo’. tengo catorce millones de cosas para hacer y elijo hacer algunas en este momento. y pienso que es patético buscarse ocupaciones mientras uno espera. y después me acuerdo de macedonio fernández. macedonio decía en algún lugar que uno siempre tiene que tener dos o tres cuestiones existenciales en mente, para entretenerse con ellas mientras espera. pienso que si hubiera nacido hombre, hubiera querido ser como macedonio. con lo bigotes así, con la autosuficiencia de su propia mente. así. volverse tan su propia mente al punto de no necesitar nada. olvidarse del cuerpo. macedonio.

me disgusta esperar especialmente cuando no habría razón para ello. puedo esperar que se haga la comida. puedo esperar el tren si llego temprano a la estación. pero cuando se espera por la decisión, la desidia, la ineptitud o la indiferencia de los otros, me enferma.  porque es como si los otros dispusieran de tu tiempo. y si la vida es básicamente tiempo transcurriendo, entonces, disponen de tu vida. y no, carajo, me niego.

pienso que mucho ‘me niego, me niego’ pero uno siempre está esperando algo. es inevitable. uno espera terminar tal trabajo. uno espera que empiece tal programa. uno espera que venga el colectivo. espera. espera. espera que suene el despertador. yo espero todo lo menos posible. pero a veces me encuentro entrampada y no que queda otra que esperar. no está bueno que me hagan esperar deliberadamente. cuánto más largo es el tiempo de la espera, más irritable será mi estado llegado el momento. más cosas habré maquinado. más sueño sin sueños habré tenido. porque esperar me da sueño. no importa la hora que sea. me da sueño.

hay que abolir las esperas. chau, listo, no espero más. eso hay que hacer. me enrosco tan sin sentido cuando espero que ya ni sé.

6 comentarios

  • No recuerdo dónde dice eso Macedonio, pero estoy seguro de que había una ironía en la frase que citás, porque esperar, para él, era un tema existencial en sí mismo. Igual, al leer esto, pensé sobre todo en algo que dice Husserl. Para él, el tiempo es denso. Sí, aparte es denso en el sentido que vos decís, pero él quería decir que el presente se compone de la vivencia del propio presente, de la vivencia del presente anterior, o sea el pasado, y la vivencia del presente futuro. Y que sólo cuando ya se tienen recuerdos se puede comenzar a esperar, porque las esperas son proyecciones en base a lo que ya sabemos, no sólo a lo que deseamos (si esto lo leyera Walton, me tacha el 8 en Gnoseo y me pone un 2, pero bueno). Se me ocurre que cuanto más sabemos –se viene el tangazo- más difícil es esperar, porque la espera, en realidad, no se nos llena de presente sino de pasado; y cuanto más deseamos, sobre todo por lo que sabemos, peor aun. Dicho en criollo: cuanta menos esperanza, más densa espera. Porque además, de todos modos, la espera es en presente: y uno sabe muy bien que sólo el presente puede ser verdaderamente luminoso. Las luces del pasado son farolitos en calles viejas, y las del futuro…esperan escondiditas doblando no se sabe, carajo, qué esquina de qué calle.

  • y encima, el presente no existe, porque en un punto se es ido e acabado

    y cuando ya no hay casi esperanza, la espera es una agonía =(

  • El 8 de Gnoseo es para vos. no quería hacerme el culto, y no lo puse, pero no sólo espera es un término técnico de Husserl, sino el ser sido, así la llama a cada vivencia de pasado. Tu “se es ido” parece escrito en clave fenomenológica.
    y sí, la espera es agonía. pero usted sabe, lic.: agonía viene de agon, que quiere decir lucha. si lo pienso, y me asusta y me fascina, podemos postular que el presente es eso: lucha agónica entre todo lo que es pasado y todo lo que es porvenir. lo bueno es que cada presente, para ser ido y acabado, tiene que ser desplazado por otro presente, y así sucesivamente. porque, des-espera-damente, en realidad no hay sino presente: nadie vive en el pasado ni en el futuro, sino en un presente como de goma.

  • Perdón por abusar del tema, pero, como ya te había dicho, varios de tus últimos posts me disparan asociaciones que no puedo parar y que no saben esperar. Así, si usted me permite, un poco más sobre la espera:
    La espera es cierto modo de respirar –si querés, de reesperar, naturalmente: a veces, la cacofonía arrastra, por inercia, un cacho de verdad-: una respiración penosa. Se ve todo el tiempo algo ahí, justito adelante: una pre-figura inidentificable en la niebla del futuro, que no es sino ahí-nomás-cada-vez, durante cada espera. Pero como la prefiguración no se hace figura, vuelve la espera, vuelve la niebla. Vuelve la dificultad, y se respira gota a gota. Y como no hay muchas direcciones alternativas a mano, uno agarra y, en lugar de seguir fijando la vista en ese momento inmediatamente-por-venir-que-no-viene-carajo, uno apunta, prudentemente, para el otro lado: se pone a recordar. Un recuerdo es un objeto manipulable. Ya fue: lo tengo ahí, hago lo que quiero, lo doy vuelta, lo acomodo, lo atesoro, lo descarto. Pero no cualquier recuerdo: si el recuerdo es, justamente, el de haber esperado infructuosamente y haber obtenido a cambio otra espera más, entonces desde el pasado mismo vuelve el boomerang y ataca. O peor: supongamos –es un simple suponer- que el pasado guarda escondido un sufrimiento insoportable, inmemorial, que sabiamente hemos cajoneado bajo múltiples llaves. Ya sabemos que en la espera anida pasado. Y ahora, supongamos que ciertos datos equívocos, histéricos, leves, probablemente casuales, de la pre-figura esperada invocan, conjuran ese antiguo sufrimiento y rompen las cerraduras del cajón: es ahí que la espera se vuelve agonía. Se sigue deseando que la pre-figura se figure de una vez, disipe la niebla; pero ahora el cajón está abierto, se proyecta a lo por venir y amochila irreparablemente la pre-figura que, atenazada entonces, es objeto de deseo y objeto de aversión. Es inminente y póstuma. Es ayer dentro de un ratito. Es ahora para siempre, en una constante inasibilidad putamente presente. Es desesperación, o sea, revolución en el orden de los tiempos: pasado futuro, futuro pasado, presente impresentable, deambulación insomne. Se vuelve no cuando respirábamos fuerte para decir sí. Se vuelve sí, cuando ya el aire se cajoneó. Es no sé no sé no sé, sobre todo, porque no sé es una sabia destreza de la mente para gambetear la espera; y eso que, bien pensado, no sé es en realidad la esencia de la espera.

  • tiene que tener imagen para ver en la pantalla

  • 13 de julio 1996
    30 de marzo 200


Escribe un comentario