Mayo 11, 2008...1:00 pm
la enemistad de la cosas
las cosas que nos rodean parecen ingenuos objetos inanimados que están ahí como testigos mudos de todo lo que nos acontece. sin embargo, no son ni ingenuos ni inanimados. sépanlo. hay algo en ellos que se pone al descubierto en situaciones extremas, esto es: la evidente voluntad de los objetos de cagarnos la vida en el peor momento. y es así. si tu vida pende de un hilo, si tenés alguna urgencia, el objeto se retobará como nunca antes, con la única meta de entorpecer el curso de tus acciones, amparado -el muy hijo de puta- en la impunidad que se supone le otorga el hecho de ser supuestamente inanimado.
si tenés que imprimir un parcial, un trabajo para entregar y tenés el tiempo justo, invariablemente la impresora se atragantará con el papel, hará explotar el cartucho o simplemente se negará a funcionar.
llegás a tu casa después de un largo día de trabajo. lo único que querés es darte un baño caliente y meterte en la cama. hay un noventa por ciento de probabilidades de que el diafragma del calefón decida cagarse justo en ese momento. entonces, el reventado encima se te va a reír en la cara, porque saldrá agua caliente de las canillas que no te sirven para nada y no de la única que precisás.
el servicio de internet suele ser bastante estable. en el momento en el que tenés que enviar un mail urgente, el modem apaga su lucecita de online hasta el día siguiente. lo mismo ocurre invariablemente con los mensajes de texto: cuando mandás mensajes boludos, van y vienen sin problemas; cuando necesitás imperiosamente comunicarte con alguien, el mensaje queda pendiente o falla.
el lavarropas va a decidir no centrifugar cuando hayas puesto a lavar colchas pesadas, sábanas o cualquier elemento difícil de retorcer. no cuando laves tu ropa interior ni un par de pantalones. lo mismo sucede con el horno: cuando querés hacer una milanesa, funciona como los dioses. el día que preparaste una super fuente de algo que sólo podés cocinar al horno, el quemador se niega a mantenerse encendido.
las fuerzas del universo no se contentan con ponernos en el camino a la gente. parece que la cantidad de infradotados que uno debe tolerar por día no cubre la cuota de pequeñas catástrofes cotidianas que debemos cumplir. no, no. los objetos están ahí para cumplir la misma misión en la vida que la gente idiota. it’s a fact.
así que, para alejarnos de todo mal, no basta con irnos a vivir a una isla desierta. porque allí también, lo que nos rodee, nos mirará con ocultos ojos ciegos, esperando el peor momento para darnos la estocada final.
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