si uno tuviera siempre en la punta de la lengua un ‘andate al carajo’, las cosas serían mucho más simples.
un ‘andate al carajo’ bien puesto vale más que mil palabras. pero no. uno se reprime, se lo guarda, se lo dice a sí mismo. nunca se lo decís a esa compañera de trabajo que siempre se queja de todo a los gritos y que encima se cree juez de la vida de los otros. nunca se lo decís al tipo que te atropella por la calle, ni al colectivero que no frena en la parada, ni a la vieja pelotuda que sube y te exige que le des el asiento. no se lo decís al idiota que te toca el timbre para venderte ballenitas, ni a los empleados municipales que se pasan todo el día meta martillo neumático y te dejan la calle como chernobyl. no se lo decís a los que hacen mal, ni a los que te irritan, ni a los que te estafan, ni a los que mienten.
y cada ‘andate al carajo’ que reprimís se te acumula junto con los otros, como los cadáveres que guardás en el placard. y un día funesto, una viejita fragilísima comete el error de rozarte con su bastón, por ejemplo, y ahí le zampás con una furia descontrolada todos los ‘andate al carajo’ que se venían metiendo a presión en las circunvoluciones de tu cerebro. y como la pobre viejita no tiene la culpa, propongo empezar a soltar todos los ‘andate al carajo’ que uno crea correspondientes.
después, habría que hacer un gran cartel que dijera ‘andate al carajo’, pegarlo en un globo aerostático e ir metiendo en la canasta a todos los que lo merecen. y cuando estén ahí arriba, mirando todo como sin entender, enviar un misil al centro mismo del globo.
y al carajo.
2 comentarios
Abril 30, 2008 a las 2:49 pm
Buenismo!! Aca tengo unos cuantos para subir al globo, tiene que ser internacional, jaja.
Besos!
Abril 30, 2008 a las 4:26 pm
jaja obvio
es un servicio para la humanidad toda…
besos